15 de octubre de 2021

Las loqueras de las cloqueras



Se enfrentan en duelo la experimentada profesora de Literatura y la joven prodigio que es la única mujer que ha entrado en el top-8 nacional. Thailimar Montoya lleva una ventaja de más de 50 puntos y arriesga poco al formar una palabra aparentemente blindada: LOQUERA (la cuidadora de locos, que como venezolanismo adquiere otro significado). Sin estar segura de que aparezca en el diccionario, Rosario Suárez se atreve a colocar una “c” adelante: CLOQUERA.



“Una de las habilidades que te va dando este juego es desarrollar la intuición lingüística: hay palabras que tú no te sabes, pero que intuyes que pueden ser válidas”, explica la profesora de UCAB y UPEL y ex presidenta de la Asociación Venezolana de Scrabble. Cloquera sí existe: es la condición de la gallina clueca. Gracias a la configuración del tablero, Suárez voltea la partida y obtiene una victoria inolvidable.

“En una partida, para mí la estrategia tiene 50% de peso, el vocabulario 30% y el azar 20%”, explica otra jugadora con experiencia mundialista, Susana Harrington (su vocablo inolvidable: CÚFICAS). Azar: que te toquen letras oportunas cuando metas la mano en la bolsa de mezclar. Vocabulario: alcanzar los confines del idioma, mucho más allá de nuestra limitada expresión cotidiana. Estrategia: aprovechar el tablero como un campo de batalla —las casillas tienen distintas puntuaciones—, construir combinaciones inesperadas y calcular cuáles letras permanecen invisibles. De los juegos de palabras, el scrabble es probablemente el más organizado desde un punto de vista competitivo: Venezuela suma hasta cinco campeones individuales en Mundiales de lengua española, todos varones. 

En una reciente Guarapita, te contábamos de los prejuicios de género alrededor del ajedrez. El scrabble, según estos estereotipos, parecería un “juego de chicas”: después de todo, aparentemente se basa más que todo en la habilidad verbal. Y sin embargo, en Venezuela sigue habiendo una brecha entre hombres y mujeres. “Déjame decirte que la mayoría de los jugadores muy competitivos no vienen del mundo de las letras o las humanidades, sino que están vinculados con otras áreas del conocimiento como la administración o la ingeniería”, detalla la profesora Suárez. “El scrabble en realidad es un juego de muchas estadísticas, por lo que aparentemente seduce fácil al cerebro masculino, según las convenciones sociales. Pero eso no tiene nada que ver con la realidad. En Venezuela contamos con mujeres talentosísimas. Quizás la diferencia viene porque nosotras nos seguimos ocupando de más responsabilidades en el hogar”.

Thailimar Montoya es madre de Mathias Alessandro (1 año de edad), emprendedora del diseño gráfico y scrabblista de alta competencia desde los 16 años. De hecho, cumplió la mayoría de edad en medio de un torneo (palabra ganadora memorable: EXEDRAS). Jugando scrabble también conoció al padre de su niño, contra el que ha disputado más de 1.200 partidas de primer nivel. “No creo en diferencias marcadas entre hombres y mujeres, ni en tabúes en los cuales algún sexo se imponga abiertamente en ninguna especialidad. La voluntad humana carece de límites. El que se propone algo, hombre o mujer, si se esfuerza lo puede lograr”.

«Jugar Apalabrados (Scrabble on line) no es lo mismo que antes. Ahora hay programas en Internet que buscan palabras, lo que, a mi modo de ver, le quita parte de la esencia al juego. Pero cuando mi contrincante usa el buscador, yo también lo uso. Supe que existía cuando un español con quien juego muy a menudo, Juan Diego Moreno Galán —y que me llevaba por el camino de la amargura—, me preguntó que cuál buscador usaba yo. ¿Buscador? ¡Yo no uso ningún buscador! Entonces me dio el suyo. Empecé a ganarle. Y nos hicimos amigos. Fue el perfecto cicerone de un viaje inolvidable que hice a la ciudad de Granada»

Carolina Jaimes Branger, comunicadora,
ingeniera y scrabblista aficionada
¿Será Thailimar la primera campeona mundial de Venezuela de sexo femenino? Lamentablemente, el scrabble es una disciplina aficionada y la crisis económica (primero) y la pandemia (después) han hecho cada vez más complicado que nuestros jugadores puedan costear viajes al extranjero. Está la modalidad no presencial, con una plataforma de alcance latinoamericano muy bien organizada (ReDeLetras), pero este es uno de esos juegos en los que jamás podrá sustituirse el cara a cara. Entre otros motivos, porque la práctica online con frecuencia oculta el uso de herramientas de inteligencia artificial como los anamagradores.

¿Un juego para ampliar la cultura general o simplemente memorizar palabras para ganar? Es una de las divisiones filosóficas al asumir el scrabble. “Yo por ejemplo soy de las románticas: me gusta hacer listas de árboles, flores, animales o gentilicios, como una manera de saber el significado de las palabras y mantenerme en constante aprendizaje. Tenemos una competidora que sabe todos los sinónimos posibles de prostituta”, acota Rosario Suárez, y contrasta: “Otros jugadores son más prácticos. En scrabble, para ganar, no necesitas saber qué significan las palabras que compones. Airán Pérez, nuestro campeón mundial, lo dice abiertamente: cuando está estudiando agarra el diccionario de la A a la Z y copia todos los verbos en un cuaderno, porque son los que le resultan más rentables. Con un solo verbo puedes construir decenas de conjugaciones posibles”.

“La estrategia y el léxico van de la mano. Si se quiere llegar lejos en este deporte de la mente, el léxico es el basamento primordial para progresar y llevar todo ese caudal de conocimiento a tu vida diaria”, sopesa Thailimar.

“Una de las cosas que más valoro del scrabble es que me ha permitido tejer una red de apoyo no sólo en Venezuela, sino en el resto del mundo. Es una comunidad donde hay muchísima solidaridad y cariño”, expresa Susana Harrington. “Planificamos nuestra vida alrededor de los calendarios de torneos, que para nosotros son fechas intocables, y con frecuencia formamos familias entre nosotros”, agrega Suárez. Una gran historia de amor puede empezar con siete letras.

[Caña clara]

Tomado de: guarapita

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